Hace apenas tres días, saltaba a los medios de comunicación la noticia de que un futbolista nigeriano había sido condenado a 40 latigazos por conducir ebrio en Sudán. Stephen Worgu, que es el nombre del protagonista de esta historia pide a gritos que se fije en su talento cualquier equipo europeo y contraten sus servicios. Es la noticia más llamativa de esta región del mundo en los últimos días.
Resulta curioso que no lo sea la matanza de más de un centenar de personas en la zona sur del país, sólo mes y medio antes del caso del deportista borrachín. Pero esto, desgraciadamente no es excepcional, por la sencilla razón de que forma parte del día a día del país que sufrió el conflicto que más muertos ha generado tras la Segunda Guerra Mundial. Las cifras de cadáveres fueron superiores a los dos millones.
Sí destaca la lucha por la libertad y los derechos humanos de una periodista, Lubna Hussein, que en virtud del derecho islámico, ha sido condenada a otros tantos latigazos por llevar pantalones. No deja de llamarme la atención una cosa de la Sharía – ley musulmana – en cuanto a la proporción de las penas. Y es que el nivel del castigo es el mismo por conducir borracho que por llevar pantalones una mujer. También pueden azotarte si te ríes porque alguien se tire un pedo o por beber con la mano izquierda. No es broma, compruébenlo.

Lubna Hussein. Con pantalones
Por el revuelo ocasionado alrededor de la condena a la periodista, se ha suspendido cautelarmente la ejecución de la misma, pero desgraciadamente no todas las mujeres de Sudán son periodistas, ni tan siquiera están convencidas de que aquello es una sinrazón.
El jefe del país se llama Omar-Al Bashir. Dio un golpe de estado en 1989 y se quedó en el poder hasta el día de hoy. Está reclamado por el Tribunal Penal Internacional, pero no parece excesivamente preocupado a tenor de los acontecimientos que este tipo ha protagonizado en los últimos meses y que veremos al finalizar este texto.

Sudan
Sudán es el país más grande a África y está dividido en tres regiones naturales: los desiertos de Libia el Sáhara y Nubia en la parte norte, planicies en el centro y selvas tropicales en el sur. El 60% del territorio de los más de 2 millones y medio de kilómetros cuadrados de Sudán, son desierto. Aún así, tiene recursos más que suficientes para mantener dignamente a toda su población, pero no olvidemos que hablamos de África, allí nada es como debería ser y por supuesto, la mayor parte de sus habitantes viven en la extrema pobreza. En este continente se mantienen hoy por hoy las mayores guerras y las más crueles que nuestras mentes puedan imaginar, y la de Sudán ha sido y amenaza con volver a ser la más espantosa de todas.
La composición étnica de este territorio es de lo más variado. Cohabitan – o mejor dicho se coasesinan – unos 570 grupos diferentes. Los más numerosos, un 65% de los sudaneses viven en el norte, más desarrollado y de confesión islámica. El 35% restante habita en el sur del país y son cristianos o animistas.
Fue colonia británica hasta el 1 uno de enero de 1956. Tras el último bye bye my friends comenzaron a afilarse los cuchillos. La región del norte y la del sur iban a solventar unas viejas diferencias, que si miramos con perspectiva comenzaron allá por el S.III, cuando los misioneros llevaron a la zona del Nilo Medio la religión cristiana y se retiraron en 675 ante la oleada islámica que se apoderó de África. Se estableció entonces la Dinastía Fatimida, pero los nubios del sur siguieron siendo mayoritariamente cristianos. Los fatimidas fueron literalmente barridos por el Imperio Otomano a finales del S.XIII.
Con al auge de los reinos cristianos se produjeron en los siglos XIII y XV grandes migraciones de musulmanes que se asentaron en la zona del norte de la región. Se establecían para siempre dos zonas claramente diferenciadas: el norte musulmán de doctrina sufí y el sur de ascendencia etíope con creencias variadas, animistas y cristianos, que habitaban la zona desde el s.IV.
En 1820, el virreinato de Egipto bajo el dominio otomano envió expediciones en busca de esclavos y de oro. Se afincaron en la zona y la gravaron con una serie de impuestos basados en oro y productos agrícolas. El primer inglés que asomó la nariz por la zona fue el general Charles Gordon, que fue nombrado en 1877 gobernador de Sudán por el virrey de Egipto. Esto no lo hizo por nada, el país de las pirámides tenía serios compromisos financieros con la corona británica. A Gordon, no se le ocurrió otra cosa que suprimir el comercio de esclavos – principal fuente de ingresos de las clases pudientes – y encima reprimió duramente las protestas por la llegada del cristianismo al norte del país de mano de los ingleses y de una doctrina ortodoxa del islam por parte egipcia. Evidentemente las tortas tardaron poco en llegar; en 1885 las fuerzas del líder espiritual Mohmed Ahmad tomaron contra todo pronóstico la capital – Jartum – y se hicieron con el gobierno del lugar, proporcionando por cierto la historia a una película nada más que regular, a pesar de su lucido reparto: Khartoum, (1966).
Evidentemente la Gran Bretaña no tardó en responder y retomó el poder en 1898, hasta el ya mencionado 1 de enero de 1956. Como dejaron una curiosa mezcolanza religiosa y además habían caldeado bastante el ambiente con su represión – aunque a decir verdad, a estos sudaneses no les hace falta ser muy reprimidos para lanzarse a matar – bastaron unos pocos años para que se desencadenase la fatal guerra civil a la que hacíamos referencia al principio del texto.
El mismo año de la independencia comienza la primera guerra de Sudán. Se trata de una revuelta que tiene su origen en la nueva Constitución del país, que ignora cualquier derecho de representación en los órganos de Gobierno de los habitantes del sur. Además de que comienza a darse un curioso fenómeno que llamaremos negrismo, que viene a ser definido como el desprecio que los negros del norte – que se autodenominan como de raza árabe, pero que son a todas luces negros de los de toda la vida – sienten por sus compatriotas del sur, a los que despectivamente llaman “negros”. Se producen combates cuya crueldad veremos en estas líneas.
Este primer conflicto de Sudán – aunque yo creo que se trata de una misma guerra con 11 años de descanso – que durará hasta 1972 finaliza con los acuerdos de paz de Addis Abeba en lo que se reconoce el derecho de los habitantes del sur a disfrutar de autonomía administrativa, que fue el plan inicial de los ingleses, pero se marcharon deprisa y sin mirar atrás.
Huelga decir que los acuerdos de paz de 1972 no serán muy respetados por varios motivos. El principal de ellos tiene un viejo conocido como generador de conflictos: el petróleo. La compañía estadounidense Chevron, encontrará petróleo en el sur de Sudán – ¿qué hacían los norteamericanos buscando petróleo en estas latitudes?…en otra ocasión profundizamos en este asunto, pero no lo pasen por alto – dicho hallazgo no dejará indiferente al entonces presidente del país Nimeiry, quien por corrupto y derrochador ha perdido cualquier ayuda internacional a la que pudiese acceder. Su situación es desesperada y, agitado por FIN – Frente Islámico Nacional – decide romper los acuerdos de paz de Addis Abeba e imponer de paso la ya conocida por ustedes Sharía como ley nacional en Sudán.
Estos acontecimientos son suficientes para que el EPLS – Ejército Popular de Liberación de Sudán – retome las armas esta vez con un líder claro: John Garang, economista educado en EEUU y que inicialmente cuenta con el apoyo de Etiopía. Estamos en 1983 y ha comenzado la segunda guerra civil de Sudán – o la segunda parte de un mismo conflicto – y desgraciadamente la más sangrienta.

John Garang. Líder del Sudán del Sur.
Viviremos episodios como los que protagonizan las milicias islamistas yanyawid. Financiados y animados por el gobierno de Sudán del norte se convierten en una especie de policía de lo islámico al tiempo que se especializan en matar y sobre todo en violar, de manera que sus genes “árabes” – que viene a ser equivalente a que yo me proclamase esquimal – depuren los de los negros del Sur. Según el diario británico The Guardian, a estos pelotones – generalmente a caballo – les siguen sus mujeres, las cuales, lejos de molestarse ante las violaciones y el ultraje a que sus maridos someten a sus vecinos del sur, acompañan dicha actividad con cánticos en los que recriminan a los sudaneses negros, lo muy negrísimos que son y que sus maridos van a poner la solución mediante las violaciones y el exterminio de los varones del poblado en cuestión. Posteriormente, con la paz de 2005 que veremos más adelante, las milicias yanyawid, aburridas, están ejerciendo su oficio en Chad, lo que está generando graves tensiones en la zona, pero Chad, no es un país a tener en cuenta por nadie y por eso, esto no es noticia.

Al Bashir, Presidente de Sudán y Criminal de Guerra.
En pleno conflicto, el presidente de Sudán viaja a EEUU en 1985 y su ministro de Defensa aprovecha para dar un golpe de estado. Abdul al Dahab – que es el nombre de este leal ministro – convoca elecciones para 1986. La guerra mientras sigue. Dichas elecciones las gana Sadiq al-Mahdi. John Garang y los suyos mientras, aprovechan estos desbarajustes en el norte y se hacen fuertes en las zonas del sur del país que son todavía fieles a la causa del norte, las sitian e impiden que llegue cualquier tipo de ayuda a la población civil de los asentamientos pronorte. Más muerte.

Janjawid

WS-2 Chino-Sudanés.

T-72 Ucraniano-sudanés
Guillermo Díaz.