¿Es realmente China la superpotencia del futuro?

 

 

¿Un gigante dormido?
¿Un gigante dormido?   
 

 

 

El idioma del futuro es el chino, China va a sustituir a EEUU en el dominio del mundo etc.   Afirmaciones de este tipo son bastante frecuentes hoy en día y desde hace ya algunos años. No son frases carentes de sentido o delirantes. En apariencia son ciertas y lógicas, pero es conveniente profundizar en la realidad de China, su geografía, su economía, sus tensiones internas y su idiosincrasia para poder llegar a hacer un pronóstico, que si bien no sea del todo acertado, tenga alguna verosimilitud con lo que nos depara el futuro. Porque, en cuestiones de geopolítica cualquier desastre natural, la invención y desarrollo de una herramienta como internet o una invasión extraterrestre te fastidian todo pronóstico. China es un país terriblemente inhóspito en dos terceras partes de su territorio.

mapa de china

Mapa de China

 En el norte;  la China asiática Central – Mongolia interior, Sin Kiang y el Tíbet – de mesetas altas completamente heladas en invierno, convertidas en estepas y praderas en verano, es  un territorio en que la vida es dura y de economía poco provechosa. Al sur montañas y junglas y tras ellas Laos, Vietnam y la antigua Birmania – Myanmar – anulan la prosperidad de grandes asentamientos urbanos. Al sudoeste el Himalaya, termina de aislar a China geográficamente, quedando únicamente bien comunicada la zona costera del país.

Esta difícil situación geográfica, hace que la mayor parte de la población viva a menos de mil quinientos kilómetros de la Costa.

 Pero veamos en un rápido resumen la historia reciente de China que es particularmente humillante para sus habitantes y explica perfectamente los lastres que esta nación arrastra para prosperar en la medida de algunos pronósticos un tanto arribistas.

 En el s.XVIII comerciantes ingleses ganaban una fortuna con la venta de opio a la población china. Traían la mercancía desde la India y la cobraban en plata, con la que volvían a comprar en la India productos que después exportarían a  Europa. Pero el comercio del opio en China era una parte esencial de este proceso, puesto que generaba ganancias importantísimas. A causa de la alta demanda de té, seda y porcelana en Gran Bretaña y la baja demanda de mercancías británicas en China, los ingleses tenían un gran déficit comercial con China y debía pagar estos artículos con plata. Inglaterra comenzó a exportar ilegalmente opio a la China desde la India Británica en el siglo XVIII para contrarrestar su déficit.

 

 El gobierno chino, se percató de los problemas de adicción y de salud que esta sustancia introducía en su población, hasta el punto de prohibir su comercio. Esta normativa contrariaba las ansias de plata de los comerciantes y  dio como  fruto las Guerras del Opio, en las que Gran Bretaña y Francia se enfrentaron a China. En 1860 Beijing cayó en manos de ingleses y franceses. Aunque  China sólo ha sido ocupada una vez por completo a lo largo de su historia – en la invasión de los mongoles en el s.XII – lo cierto es que el gobierno quedaba en manos de las potencias europeas.

 China tuvo que ceder Hong Kong a los británicos, la apertura a los países europeos, entre otras facilidades mediante el Tratado de Nankín, demostró que el poder militar en el país estaba obsoleto comparado a otras fuerzas armadas. La dinastía Qing, que gobernaba China desde 1644 y que pertenecía a la minoría étnica manchú, era vista por la mayoría étnica Han como un gobierno ineficiente y corrupto.

Este sentimiento en contra de los manchú se hizo más evidente en el sur, específicamente sobre la clase pobre y rural que se sentía disgustada e hizo recaer sus esperanzas sobre un visionario carismático de la minoría hakka cuyo nombre era Hong Xiuquan. Se estaba gestando la guerra civil más sangrienta de la historia y un tanto desconocida en occidente. El levantamiento de los Taiping – que fue el grupo religioso que lideró la rebelión en contra de los decadentes Manchú – produjo la devastación de 17 provincias y la muerte de no menos de 20 millones de personas, aunque a todas luces parece que fueron algún millón más.

 Para colmo de males, en 1895 China sufre una derrota desastrosa frente a Japón que se saldó con la pérdida de Corea, las islas Pescadores y Taiwán, además del pago de fuertes indemnizaciones y concesiones comerciales a los vencedores. Todo esto se tradujo en una importante crisis económica en todo el país, así como en una humillación nacional ante una potencia vecina que se había occidentalizadovelozmente.

 Si han visto la película 55 días en Pekín los hechos que narramos a continuación les serán familiares. La sociedad secreta de los “puños armónicos” o Bóxers comenzó a asesinar a misioneros católicos y posteriormente a ciudadanos occidentales en 1898. Se trataba de un intento de los chinos de recuperar su maltrecho orgullo dando una lección a los invasores de hecho del país. Pero nada más lejos, se vislumbraba otra derrota en el horizonte. Una fuerza combinada de las potencias europeas, Rusia y EEUU doblegó a los Bóxers y al gobierno Imperial chino que los había apoyado en la sombra.

Guerreros Boxer

Guerreros Boxer

 

 

 Los europeos provocaron con su comercio y actividades en China un gran desequilibrio, puesto que generaron una gran riqueza en las zonas costeras frente a la pobreza extrema que se vivía en interior. Se había sembrado el deseo de separatismo de una región frente al resto.

 Será la revolución comunista de Mao Zedong – Tse Tung para los amigos – la que termine con estas ansias secesionistas de la costa; desde donde inicialmente mandaron la tesis del líder rojo a hacer puñetas, pero que finalmente sus habitantes fueron “convencidos” tras la célebre Larga Marcha hasta Yengan y la afiliación de cientos de miles de campesinos adeptos a las doctrinas maoístas.

 China volvía a estar unida y absolutamente aislada del exterior.

 Será la muerte de Mao y el aperturismo en algunos aspectos del país lo que facilite el cambio de rumbo del devenir chino y es desde este punto que comenzamos con nuestro análisis.

 Actualmente, China tiene que conjugar el aperturismo comercial – cuyas operaciones y beneficios revierten todos en la zona costera – con mantener el estado fuerte y unido. El contacto permanente del litoral con las potencias extranjeras occidentales van alimentando los movimientos nacionalistas. Este es uno de los grandes puntos débiles de China y que, en un futuro les generará serios problemas. Por el momento desde Beijing, hacen juegos malabares. Desvían gran parte de las ganancias de la zona de Shanghai y resto de la costa al interior para favorecer a los más pobres teniendo que mantener una tensión permanente con los habitantes de una zona y otra. En consecuencia el ideal comunista se mantiene en el interior tradicional, pero poco peso real es el que tiene en la zona externa de roce y comercio occidental.

 Pero no es este el único ni el más grave de los problemas de China. Aunque como ya hemos visto, hay comercio con el exterior y unas relaciones normales y abiertas con los demás países, realmente hay una redistribución interior de la riqueza de canon comunista que hace que no se cumplan los criterios que dictan las leyes del mercado. Es decir, las concesiones de créditos se hacen de manera igualitaria independientemente de la viabilidad del destino que se da al dinero que se entrega, existiendo empresas – en China muchas de las grandes empresas tienen participación pública de un modo u otro – que tapan verdaderos descalabros de deudas con la concesión de más créditos que se desperdician por los mismos cauces que se perdieron los anteriores. Los treinta años de crecimiento consecutivo en China no pueden durar para siempre. Gran parte de este auge económico se basa en las exportaciones a bajo coste, con un margen de beneficios ínfimo.

 

El motor económico de China, tendrá que sacrificar su avance o independizarse

Shanghai, no tiene nada que ver con la China del interior

 

 El otorgar préstamos improductivos hace que la deuda interior sea inmensa. Al no permitir la desaparición de empresas y sostenerlas de manera artificial, se puede proyectar una imagen de falsa bonanza económica permanente – como ya sucedió en el caso Japonés, y todos recordamos los suicidios importantes que sobrevinieron cuando la realidad hizo presa en el país nipón – pero que precisa de liquidez ininterrumpida. Esto es porque los bancos chinos, para poder prestar dinero necesitan que este siga entrando a mansalva por los puertos comerciales. Es por esto que a veces no tienen a penas margen de beneficio en los productos que manufacturan.  Además ni que  decir tiene que se trata de préstamos a muy bajo interés que además de ser muchos de cobro improbable, no generan beneficio alguno a los bancos, los que en no muchos años comenzarán a plantear serios problemas de liquidez.

 La gran deuda que soportan muchas de las empresas de China es maquillada por la liquidez del sistema, si bien llegará el momento de colapso en el preciso instante en que se estanque su crecimiento y el dinero deje de fluir o que una crisis profunda de las economías clientes de China, por ejemplo EEUU, dejen de comprarles mercaderías. Al ser un estado teórico comunista los banqueros y altos funcionarios del gobierno son más importantes que los accionistas que requieren beneficios. Lo cierto es que este sistema ha generado una enorme deuda incobrable que puede estimarse entre un 30 y un 40% del PIB chino.

 Al igual que estamos viviendo en España en estas fechas, los Chinos tendrán que ajustarse el cinturón. Con una gran diferencia. Allí un 10% de la población vive con menos de 1$ diario, más del 25% de los niños padece raquitismo en algún grado, las tasas de mortalidad infantil y materna son muy dispares si comparamos la costa con el interior y hay un 27% de  la población de China que no tiene acceso directo al agua potable, y aunque es el 2º país del mundo en cuanto a PIB, en lo referente a renta per cápita es el 88º. Es decir, cuando hablamos de ajustarse el cinturón en China hablamos de hambre en el sentido más estricto de la palabra.  Se trata de un estado rico habitado por gente pobre. Paradojas de los comunistas.

 ¿Querrá la zona costera colaborar con el desarrollo y la recuperación del interior del país? ¿Someterán parcialmente su progreso y bienestar por una región de la que históricamente han querido separarse? ¿Será capaz al Partido de mantener unida a China?.

 Otro factor a tener en cuenta es la dependencia energética de China  – problema que tenemos la mayoría de los países de Europa Occidental también, y que, atentos porque será la clave por la que Rusia nos tendrá bien tomada la medida – y que evita que se puedan desarrollar en ese aspecto de manera autónoma, por esto no hay que temerla militarmente, además de que no ha sido un país expansionista nunca en sus historia. Como hemos podido comprobar ha sido más bien el objeto de las invasiones que el agresor.

 

 Llegado el momento, el comunismo no va a ser capaz de mantener al estado unido por dos motivos. El primero de ellos es que los altos cargos del partido han sido históricamente los grandes beneficiarios de las riquezas generadas por las zonas costeras y difícilmente – lean sino Rebelión en la Granja – los tipos de esta “cuerda” van a renunciar a estos privilegios. El segundo motivo, es que las zonas ricas ya no creen en el comunismo como ideología, por lo que este no va a poder erigirse de nuevo en autoridad moral por la que todos permanezcan juntos. Por esto, habrá tres posibles resultados: uno, que el aparato comunista trate de reprimir la aspiración independentista de la costa – cosa poco probable por conllevar un enfrentamiento con todas las potencias occidentales que mantienen relaciones comerciales con esta parte del país – y condenar a China de nuevo al aislamiento y la pobreza. Dos, que se cambie el tipo régimen y sea una nueva China aperturista y democrática la que por razones de patriotismo y responsabilidad histórica trate de convencer a las zonas ricas de ayudar a las más pobres o tres, que se produzca la separación entre ambas regiones, con la debacle económica y humanitaria de la China interior.

 

 Es por todo esto que no creo que China llegue a ser una Superpotencia. Sí un país a tener muy en cuenta, pero nunca un EEUU o una Rusia (a la que debemos dar tiempo, porque esta sí que va a dar de qué hablar), aprendamos ruso pues, claro, si ya sabemos inglés.

 

 

 

 Guillermo Díaz