Las líneas que siguen, pertenecen a un relatoto que escribí para el autor de cómics Nekro. Finalmente no se publicó por ser muy extenso puesto que su función era acompañar unos dibujos que os recomiendo que veáis porque son una maravilla además de únicos. Bueno, os dejo con el texto:
UN TRIUNFADOR
Es sin duda un triunfador. Con sólo verlo andar uno se da cuenta de que se encuentra ante un elegido por la fortuna, es de esos que empiezan nombrando su parentela, poderosa y conocida, alguien con todos los bienes terrenales al alcance de una palabra. Cuando por boca de algún imprudente, recibe una negativa o ve algún deseo truncado, con una mirada colérica atraviesa y parte en dos el alma del rápidamente arrepentido ignorante, quien con suerte podrá recibir el perdón pero nunca la amistad de nuestro gran triunfador, pues sólo un estúpido no sabe ver qué sangre corre por sus venas ni cuántas propiedades, cuentas bancarias y empresas apuntan directamente avanzando de manera inexorable hacia el ya enriquecido patrimonio de nuestro triunfador, pues se trata del único heredero de todo un imperio gestado por sus antecesores.
Jamás un triunfador como él ha escuchado hablar del velo. Lo más probable es que usted tampoco puesto que me percibe a través de un órgano complejo formado por una serie de huesecillos que martillean una membrana, posteriormente es ese órgano que ridículamente consideran la cúspide de la evolución el que transforma los sonidos que le lanzo en conceptos comprensibles, y todo este proceso es absolutamente incompatible con el verdadero conocimiento del velo, hasta para un triunfador.
En aquella fiesta en una suntuosa mansión que formaba parte del enorme complejo inmobiliario que el padre de nuestro triunfador había construido para eso que llamáis la jet set, se encontraba la mayor corte de aduladores, bufones, vasallos, hidalgos modernos y algún que otro bendecido por el éxito, que hubiese conocido ningún otro guateque jamás en la ciudad.
A ella la habían invitado por supuesto debido a sus convincentes atributos físicos, pero sólo un reducido grupo de los invitados conocían su nombre aunque bien es cierto que una gran parte de los asistentes rápidamente mostraron interés en él. Bailaba contoneándose perfectamente consciente de que hacía las delicias del público masculino, por supuesto también hizo mella en el deseo de nuestro triunfador.
El perfume, la alta costura, el maquillaje, los adornos, los complementos estéticos, la música, lo artificioso del comportamiento de estos simios evolucionados, siempre contribuyen a matizar lo que no es más que un rito de apareamiento. Si sumamos a esto el alcohol y alguna que otra sustancia de esas que alteran el punto de vista de las cosas, entenderemos mucho mejor todo lo acontecido.
No tardó en generarse la inevitable situación, nuestro triunfador danzaba bien pegado al cuerpo de la atractiva desconocida y algunos minutos después pretendía convencerla ya solos en una estancia de que lo mejor que podían hacer en ese momento era entregarse en brazos de la lujuria. Pero es que hay algunas personas que no se enteran de cuando tienen a un tipo de éxito delante de sus narices, y esta estúpida niña que bien podría haber tratado de excusar su desconocimiento diciendo que no era de la ciudad o mejor ni tan siquiera del Estado, sencillamente se comportaba como si estuviera negando el compartir placeres carnales a un cualquiera. El babuino que los hijos de Dios llevan dentro se apoderó por unos instantes de nuestro rechazado triunfador, forzó a la chica y la arrojó sobre la enorme cama de época de recargado cabecero e incalculable valor. Cuando le desgarró el vestido comenzó a berrear, afortunadamente se encontraban bastante alejados del grupo principal que además había subido sustancialmente el volumen de la atronadora música, ella, para colmo trató de zafarse de la pulsión sexual del macho, en el forcejeo el ya irritado personaje se golpeó la cabeza con la sólida, pesada y barroca mesa de noche, lo que le produjo además de una significativa brecha en la cabeza un dolor punzante que por un momento llegó a nublarle la vista, pero para colmo esta lerda había ocasionado la caída y rotura en varios trozos de un antiguo y caro espejo que reposaba sobre el mueble golpeado.
En vez de pedir perdón, y entregarse por fin a los deseos de nuestro triunfador, esta tiparraca que en otro tiempo no habría sido más que una burda sirviente que hubiese estado encantada del honor que ahora rechazaba, trató de emprender la huida arrastrándose hacia la puerta, nuestro mandril ciego de ira que se encontraba recogiendo los pedazos de espejo diseminados por el suelo, en uno de esos momentos en que nuestra razón pasa a ser un instinto y nuestro instinto la razón, en una situación en la que nos hemos sorprendido a nosotros mismos cien veces en momentos en que cometemos una acción malvada por la simple razón de que no debemos cometerla, guiado por esa tendencia permanente que hace primar el transgredir lo que constituye la ley por el sólo hecho de serlo, en un anhelo que tenía su alma de vejarse a sí misma, clavó un afilado pedazo de espejo a la altura del omóplato izquierdo de la histérica huidiza, el avance de esta hacia la puerta resultó fatal, puesto que produjo el desgarro a lo largo de su espalda. La sensación fue de lo más extraño, puesto que el cristal ascendía y descendía según golpeaba con las costillas, similar a tratar de deslizar un palo por una estructura de barrotes. Unas 13 pulgadas de surco, bastaron para que está inadaptada dejase vuestro mundo, fue la primera vez que nuestro gran hombre vislumbró el destello. Lo hizo a través de la ventana, entró como si todo el mundo exterior estuviese iluminado por un inmenso rubí, por sangre escarlata densa y acaramelada diría en algún momento que apetecible, vislumbró a duras penas el alma de la desgraciada ignorante que yacía en el dormitorio, puesto que cuando pasó a su lado, notó una leve brisa, pero los espíritus se nublan cuando se rasga el velo, son insignificantes ante la visión de los arcontes.
Las calles que alcanzaba a ver desde la ventana no eran las que él conocía, mantenían la estructura original en cuanto a plazas y avenidas, pero los elementos ornamentales eran diferentes, no había fuentes como antes, ahora podía ver lagos de fuego malva, donde debía haber unas Venus con ánforas vertiendo agua fresca, ahora coronaba un dragón de tres cabezas, con partes pétreas oscuras y quebradas, adornado con joyas y batiendo unas inmensas alas al tiempo que bramaba un trueno de poder. Apenas podía distinguir lo que antes eran vehículos a motor, puesto que ardían como amasijos metálicos envueltos en el predominante ardor carmesí.
Desde el cielo, uno de nosotros le hizo señas y como cualquier mono gregario atravesó el cristal a la primera orden tratando de alcanzar a ese improvisado líder desconocido que su simple mente le hizo adorar al instante. Como imperfectos que sois, era incapaz de volar y se precipitó velozmente unos metros contra el duro suelo de arcilla roja que circundaba la mansión, golpeando su hermosa boca en la que tras varios años y miles de billetes habían logrado una hermosa sonrisa de senador en campaña, viendo perfectamente como una importante cantidad de dinero en forma de piezas blancas, abandonaban sus encías con estelas oscuras de pútrida sangre humana que empezaba a molestarle. Nada de eso importaba, necesitaba seguir a ese hermoso ser. Respondía a la visión de un arcángel, desplegaba unas enormes alas de piedra y herrumbre con una envergadura de una decena de metros, haciendo que el fulgor rojo que destellaba todo el paisaje a su enorme espalda por un momento mientras ascendía en majestuoso vuelo, no incidiese sobre los atónitos ojos de nuestro triunfador que alcanzó a ver el rostro pétreo de su nuevo dios, era una calavera hermosa de cuencas refulgentes del mismo y predominante brillo rubí que todo lo invadía, como si la esencia de tan magnífico ser fuera el color, puesto que todo lo demás era hierro y roca articulada. Un yelmo de motivos marinos, con una especie de cefalópodo indeterminado tallado en su frontal cuyos tentáculos hacían las veces de cabello del lustroso ser, coronaban el cráneo desprovisto de carne. El torso estaba adornado con motivos costeros y submarinos, pero no pudo determinar si era una coraza o el pecho de la criatura. Un sólo e impresionante batir de alas bastó para alejar un centenar de metros al más maravilloso ser que nunca unos ojos de polvo podrán atisbar jamás…
Nuestro héroe se desplazó prácticamente a ciegas por la extraña avenida de rubíes, negros y grises, otra pieza perlada abandono su encía superior cuando inició la desesperada carrera que había de llevarle hasta su añorado y recién descubierto Dios. Carros tirados por caballos demoníacos y angelicales al tiempo, con una mezcolanza de musculatura rocosa y artefactos mecánicos se cruzaban en su camino, esquivó varios de ellos, las nobles bestias mostraban inusuales colmillos para un herbívoro gregario, evidentemente, estaba viendo cosas que ningún otro estúpido dogmatizado por ideales igualitarios podría percibir, puesto que el ya había pasado por las tres fases que el filósofo predijo y era un ente superior, estaba en Agarta…había roto el velo, conducido por una acción en pro de la evolución, habiendo exterminado una meretriz mundana y provocadora que sólo quería su fortuna familiar, ahora era premiado con la visión de la enorme Metrópoli oculta a todos los demás, ni los Skulls & Bones sabían de este lugar, en el que a pesar de perder parte del rostro contra el duro suelo, el dolor no tiene cabida.
El calor y la humedad de la sangre en su camisa resultaban molestos al tacto en cambio, por lo que la arrancó de su torso y la arrojó al suelo. En ese momento, despistado de la persecución a su sire alado y pendiente de despojarse de la inútil prenda, no pudo evitar el ser arrollado por una gran diligencia que era movida por un tremendo animal que fue el primero en golpear en la cadera al joven.
Un chasquido extraño le hizo virar como una peonza y caer sobre duro alquitrán, para inmediatamente ver como las ruedas del lateral derecho de la carroza le trepanaban por la ingle y subía por el torso hasta el hombro, todo acompañado de un crepitar interno similar a cuando de pequeño dedicaba horas a explotar burbujas de plástico en los embalajes de las caras porcelanas de mamá. La sensación de tener medio cuerpo dormido, le hizo sacudirse en el suelo, tratando de espabilar las partes de su anatomía que no respondían, sintió un asco cátaro por su parte material, por lo que aliviado pudo ver como se desprendía ante sus violentas sacudidas la masa sanguinolienta que alguien había puesto en el lugar donde antes había muslo rodilla y tibia, pudo reconocer su zapato al final de la deleznable hilera.
Vio como el ángel mecánico se alejaba en el horizonte, trató de incorporarse, pero el tremendo charco de sangre le hacía resbalar los brazos y golpear de nuevo su cara contra el suelo, que asco, por una vez que tenía algo interesante que seguir, se estaba muriendo.
Había sido premiado con una abertura en el velo por ayudar a la selección en la que venimos trabajando algún tiempo, pero sólo son los teloneros de nuestra gran sinfonía.